Casa Tomada… en la playa

Este fue un experimento playero, alejándonos de casa y encontrándonos con el paisaje costero. Fue un desafío para nosotros que la realización surja espontáneamente, y con los elementos que nos ofrecía el lugar.



Desde el atardecer hicimos esculturas, construyéndolas con arena recubierta de un adobe improvisado a base de raíz de camalote, arcilla, arena y hojas podridas (la “resaca” de la laguna); compartiendo este trabajo con dos escultores santafesinos: Matias y Analía.

Se tomaron como modelo las figuras de las cartas barajadas en la casa tomada anterior, imágenes pertenecientes a la simbología de las culturas originarias de la argentina.

Casi por contagio, quienes fueron llegando hicieron aparecer nuevos símbolos en la arena, continuando la construcción de esta casa. Se generaron texturas con rastrillo, usando ramas, iluminando con fuego...

Ambientamos el terreno colocando velas de aceite entre camalotes y ramos de totoras secas. Que además resistieron la inminente invasión de cuatriciclos y otros rodados autóctonos. Más allá de la orilla, el camalotal iluminado destellaba en la laguna. El amigo Fabio, además de deleitarnos con sus sorpresivas caipirinhas, aportó a la iluminación general con antorchas.


Se armó el fogón, y junto a los leños ardieron papas, batatas y cebollas (algunas por demás, por descuido).

El fuego iluminó la noche, templó los parches, y calentó los pies. Y al ritmo de la cuerda de candombe “Camba Nanbi”, el canto y la danza se sumaron completando el ritual. El reflejo de la luna invito a seguirlo, con el agua hasta las rodillas y los pies en el barro.






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¿qué es Casa Tomada?

Espacio cotidiano, interdisciplinario e interactivo... como cualquier casa. Porque precisamente en eso consiste Casa Tomada, en una propuesta que estimula la actitud irrestricta y desprejuiciada de búsqueda del creador o espectador, respecto al arte. Ser parte de él, recuperando y estableciendo nuevos canales y contextos que le sean propios, constituyéndolo verdaderamente como patrimonio de todos. Liberar la imaginación y abrir el juego a una participación popular valorando diversas expresiones.

Volver el arte a lo cotidiano significa que todos podamos ver una “obra al plato” o escuchar un concierto de pavas. Volverlo a la gente, hacia quienes lo producen e inspiran. Quienes en verdad lo protagonizan... no entran en el Louvre.

Rescatarlo como expresión sui generis del ser humano, que para existir como tal requiere de la comunicación (es decir la necesidad de que alguien nos refiera para ser). Y dado que toda comunicación es referencial al espacio que la genera, tal expresión conlleva una instancia reflexiva sobre mundo al que recrea. Este es el medio más popular, masivo, amplio y de acceso libre y gratuito que poseemos.

No es por tanto ingenuo que muchas veces se sublime esta instancia del pensar y expresar, limitando el “arte” a espacios hegemónicos. Donde en post de un mercado se alejó a todo “inexperto” del campo artístico.

Sin desestimar la labor de quienes se especializan, no creemos que obras de arte hay sólo en los museos y que para hacerlas se requiera el “titulo de artista”. Por el contrario pensamos en el arte como un espacio para el dialogo.

Se imaginan todos los personajes que “actúan” en el almacén?

Desplegar el espacio cotidiano, siendo coautores de la obra y sus procesos, como un contexto real y sincero. Para que arte tenga contenido y no carteleras.